Posteado por: amartinoro | octubre 14, 2009

Keynesianismo vs. Keynesianismo: sobre el estímulo

Acabamos de publicar la primera parte de un artículo sobre las opiniones de Krugman sobre la necesidad de aumentar el estímulo público vía gasto y déficit de la admin Obama. Click aquí. Publicaremos una segunda donde analizaré críticamente las que creo son las ideas clave que sustentan las opiniones de Krugman: que al estar en una trampa de la liquidez el déficit público no es dañino sino indispensable porque genera un efecto atractor de la inversión (crowding-in), que necesariamente el aumento de gasto público repercute positivamente en el estado general de la economía, la ideaetc. etc.

Fragmentos que destaco:

En julio 2009, Geithner y Obama dijeron que los efectos del primer programa de estímulo, valorado en 787.000 millones de dólares, llegarían en la segunda mitad de 2009. Los beneficios del plan “se acelerarán enormemente a lo largo del verano y el otoño”, afirmó Obama.

Y es que, tal y como señala el profesor de la George Mason University Russ Roberts, el Gobierno tan sólo ha gastado en la práctica una pequeña parte de los 787.000 millones de dólares contemplados en el plan, en concreto 110.000 millones. Este economista explica que los burócratas están siendo precavidos debido a la incertidumbre acerca de la evolución de los presupuestos, por eso “dudan” y “atesoran” el dinero en lugar de gastarlo.

Interesante idea esta de Russ Roberts. Quizá cuestione un poco la idea que tenemos de que los burócratas y políticos son máquinas de gastar a toda costa y sin importarles nada más.

Incluso se permite el lujo de hacer juegos sucios hacia los economistas que se oponen a más estímulos: ¿por qué lo hacen?, se preguntaba Krugman. Su respuesta deja alguna duda acerca de su honestidad intelectual: “No es porque piensen que se prevé una recuperación sólida […] Así que no están diciendo que todo esté bien, y que no se necesita estímulos. Están diciendo que no les gusta el estímulo. ¿Por qué debería sorprenderse? Éstos economistas son generalmente conservadores”.

¿No será que estos economistas piensan que los efectos del estímulo público no son positivos y que para que la economía se recupere lo que se necesita es menos gasto público, y no más? Parece que esta idea ni se le pasa por la cabeza. ¡Como si la evidencia empírica y teórica en favor del primer estímulo de Obama fuera totalmente concluyente!

Pero entremos un poco más en los argumentos del economista keynesiano. A Paul Krugman no le preocupa el coste fiscal del estímulo, al que considera pequeño, ni tampoco el efecto expulsión (crowding-out) del gasto público sobre el sector privado, que considera que en las actuales circunstancias no existe, y que en todo caso, existe un “efecto atractor” (crowding-in).

Imagino que no descubriré nada a los lectores acerca de las ideas de Krugman. Pero quien quiera saber más, que entre al artículo completo.

Las circunstancias actuales son tan serias que no es momento de aplicar la prudencia financiera, según los keynesianos. Ideas éstas que, paradójicamente, como muestra Mario Rizzo en un análisis que publica Libertad Digital, no tienen demasiado en común con lo que pensaba y enseñaba el propio Keynes.

En efecto, también hemos publicado una traducción del artículo de Rizzo titulado: Tomando el nombre de Lord Keynes en vano, donde analiza algunas ideas del propio Keynes y las contrasta con las ideas de los keynesianos como Krugman. Keynesianismo à la Krugman vs. Keynesianismo à la Keynes. Rizzo creo que ha hecho un gran trabajo en sus posts en ThinkMarkets al matizar algunas ideas (preconcebidas) sobre Keynes: 1, 2, 3, y establecer algunos puntos en común entre la teoría austriaca y la suya propia, como la ignorancia radical, el subjetivismo, o algún punto metodológico; obviamente todo esto con matices. Gabriel Zanotti también hizo algo parecido hace un tiempo: “Keynes, austriaco”.

Fragmentos art. Rizzo:

con respecto a incrementar la inversión a través de obras públicas la opinión de Keynes tiene muchos matices.
En primer lugar, prefería que tales inversiones fueran realizadas sin incurrir en déficit. Pero si se hacían como “gastos en préstamo” (loan expenditure) -esto es, a través de déficit en la parte del presupuesto del Gobierno asignado a gastos de largo plazo como infraestructuras- los gastos deberían ser cubiertos por un superávit en la parte del presupuesto asignado a gastos ordinarios como transferencias, o a través de un fondo especial acumulado durante tiempos de bonanza para estos mismos propósitos.

Si se incurría en déficit, las inversiones deberían ser “auto-liquidables”, es decir, deberían repagar sus costes en el largo plazo. Así, su fuerte, pero no rígida, preferencia era contra las obras públicas financiadas vía déficit.

Es importante notar que Keynes no pensaba que el gasto en obras públicas fuera muy efectivo a la hora de contrarrestar recesiones existentes o inminentes

La estabilidad de la inversión es la clave. En opinión de Keynes, el Estado no debería imitar la naturaleza errática de la inversión privada. Si lo hace, generará el mismo tipo de incertidumbre a la que los inversores se enfrentan cuando los individuos privados llevan a cabo la dirección de la inversión.

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